Hoy un pequeño descargo contra toda esa gente que me incentiva a perder la compasión, que lograría que le pegue a un niño o insulte a una vieja: los “colgados”.
Es horrible pensar que hay un punto en el que una relación está alimentada sólo por una de las partes, pero hay que afrontar que contra un colgado la respuesta es que debemos avivar el vínculo que nos mantiene unidos u olvidarnos de ellos porque tienen siempre cosas más importantes que hacer o en que pensar.
Etimología:
Por empezar no entiendo de dónde sale todo este invento de ser colgado. ¿Se supone que metafóricamente uno está colgando de un precipicio que le acarrea problemas trillares de veces más importantes que nosotros?... pero eso no significa que no nos quieran, sino que la presencia de una situación horriblemente importante los hace no prestarnos ningún tipo de atención, a menos que sea para darle esa mano que lo enajenará del abismo.
De aquí puedo derivar el análisis a dos puntos importantes:
a) El acostumbramiento y asimilación de la droga y...
b) La necesidad.
a) Al igual que cuando tomamos un antibiótico y nuestro cuerpo asimila la droga de tal manera que los próximos que tomemos deben ser más fuertes, el colgado genera una especie de invulnerabilidad-asimilación-acostumbramiento a nosotros, ya sea a usted, a mí o a su hermana. Cada dosis nuestra en su vida es una felicidad extrema e incontenida que estalla iracunda manchando paredes blancas y alfombras de sustancias segregadas por la emoción. Los ojos se posan sobre usted – yo o su hermana - y un abrazo “Tano” de hombros altos y sonrisa forzada le corta la respiración explicando en diferentes lenguas lo mucho que lo ha extrañado y la falta – lo bien y lo necesario- que le hace y es en su vida.
Nos adora, es la única posible explicación. Tanta felicidad desatada, tanta atención y carcajada en una tarde que no transcurrió en no menos de 12 horas de charla y novedades. Sea lo que sea que le pasó la última vez que no se vieron por 2 años, tendría que estar superado ya. Esta vez la amistad prosperaría, era una seguridad.
Necio. Con el correr del tiempo volvemos a no hacer efecto en su persona, se volverá a acostumbrar a nuestra presencia para necesitar una dosis más fuerte de cualquier otro que no seamos nosotros. O eso nos hacen sentir.
Esa última reunión había terminado cuando ambos encontraron dos o tres formas más de estar más conectados. Si en algún momento había tenido su teléfono particular, ahora reuniría gozoso el celular y el msn y de tener estos dos últimos, el Facebook o Fotolog.
Las frases que se cruzaron seguramente rozaban el hilo de cualquiera de estas:
- Tenemos que estar más en contacto.
- Llamame cuando quieras.
- Nos juntamos a tomar unos mates la semana que viene.
Y probablemente hasta se haya planteado la posibilidad de comenzar una actividad juntos: ya sea pilates, estudiar un curso de esculturas en vidrio o diseño de interiores con un grupo de chicas utilísima.
- Pasa que soy re colgado/a.
No es por falta de un grupo social que el interesado – la parte de la relación que no es “colgado” - se queda el fin de semana sin planes para esperar a que su amigo o amiga se acuerde de que iban a ir a ese bar de cerveza artesanal Noruega, pero que no lo llama porque tiene un poco de orgullo como para aceptar en su propio oído el hecho de que nuestra horrible compañía se olvidó de nosotros y va a tener que suspender la cerveza porque tiene que ir a darle alpiste a los gorriones.
Hipótesis: A mayor distancia del colgado, el interés decrece.
Corolario: La distancia al colgado es a la fuerza de voluntad lo que la distancia de Superman a la criptonita es a su poder.
Las demostraciones son empíricas en todas sus formas. No necesitaremos más de tres fines de semana desperdiciados para darnos por enterados de que “cuando estoy:¡bien! y cuando no... bueno una lástima”.
Pareciera que traemos injertada una piedra preciosa y verde que atrae la atención verdadera del sujeto de análisis. Que cuanto más cerca de él estamos, mayor es la aceptación, la concentración y el interés por nosotros, pero esto cambia exponencialmente cuando nos alejamos... ¿es que la exposición a la piedra va perdiendo efecto cuando no estamos atosigándolo? De cualquier forma la relación está destinada a fracasar en un tiempo variable que depende únicamente del damnificado y su interés por seguir creyendo en los Reyes magos.
b) La necesidad:
Corolario: Los problemas del colgado son directamente proporcionales a su caraduréz.
El sujeto, metafóricamente sujetado con las uñas a la roca más pequeña que lo separa del abismo, siempre tiene problemas. Problemas de los más variados, diversos, ordinarios y extravagantes. Los hay de todo tipo. Cuando uno no hace efecto, lo hará el otro. Si los problemas de la infancia no son suficiente, lo serán los de la actualidad. Si la situación económica no los aturde más que al resto de los mortales, entonces lo hará la tía-abuela que está en su lecho de muerte rezando por no irse de este mundo sin antes ver a su sobrino-nieto - ¿Mencioné que la tía-abuela vive en Grecia? - sin palabras.
Asumo que necesitan de mí, claro, si me llama el tipo este es porque algo ha de estar necesitando. Si llevamos tres años y cinco meses de mirar el teléfono un sábado a la noche para saborear con la imaginación esa cerveza Noruega, o si no logramos no ponernos la malla enteriza lila sobre las calzas negras y la vincha haciendo juego, pensando soñadoramente que la clase de pilates sí empezaría ese Lunes, entonces no me vengan a decir que ahora me llama para confirmar... de ninguna manera, acá hay gato encerrado y no me vengan con pelotudeces.
Hoy parece que quiere venir a casa. ¿Salió de sí la propuesta? Oh.. mi... diooos... Por un segundo nos planteamos la idea de que sea verdad, pero ya escarmentamos lo suficiente, eso no ocurrirá.
Nosotros y nuestra extremadamente ocupada agenda le dan la bienvenida – básicamente porque no llevo agenda porque sino, la tendría ocupada.
Ofrecemos un mate y la piedra verde y brillante empieza a hacer efecto. El sujeto está obnubilado con nosotros otra vez. Pero esta vez al que no le hace efecto es al sujeto usado. Con cara ceñuda analiza al que se disponía a ser victimario, a la retaguardia analiza los movimientos, las palabras. Todas las flechas debían ir dirigidas a un sólo lugar y nosotros, como leyendo las pistas del CLUE, tenemos que averiguar sus maliciosas intenciones.
Quizá logramos soportar su rostro de adamantita, quizá no... pero para aquellos que se sugieren a sí mismos seguir con la travesía albergando ilusión: este es el momento de matarla, no quiero que sufran.
De pronto, y bajando la guardia, la lacra en la que se convirtió el colgado parece vomitar que en la casa se enteraron que era homosexual. Que es y siempre lo será, mejor dicho. Parece que lo echaron a la mierda y que para colmo el novio, que se fue de la casa para vivir una historia utópica, ya estaba con sus valijas abajo esperando a que nos hiciera la pregunta relevante.
¿Qué pregunta?... SI SE PUEDE VENIR, POR UNOS INFINITOS Y VARIABLES DÍAS, A QUEDAR EN CASA....
¿Este tipo comió brea, chupó ácido, aspiró algún producto Marolio? De ninguna manera, no ibas a desaparecer para venir a abusar de mí en el momento en que decido no dejarme afectar más por gente como vos.
Bajá... decile a tu noviecito que se vuelva a su casa, ciudad, ¡PAÍS! Pero que no juegue con mi culpa. Vos decidiste no alimentar mi amistad, no te quejes ahora. Yo puse todo de mí, o lo que puedo, que ahora que lo pienso no es mucho... como sea, no viene al caso.
No se dejen engatusar por la gente que los usa para divertirse mientras sus verdaderos amigos, si los tienen, están alejados. Las relaciones son de a dos, y si no se cumpliera esta premisa todo el resto no sirve un choto... por más grande que sea.
martes, 12 de mayo de 2009
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2 Zoruyos:
No!!!! No me doy por aludida!!!! Para nada, ehh!! Para nada, por Diorrrrrrr!!!!!
Noooo tía... vos no sos TAN así, por lo menos no venís con problemas :P
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