Un buen día de hace como un mes decido que tengo que empezar terapia, o lo decide la gente que me rodea, o mi pareja... o mis ex... Bueno, hubo consejos de varias partes. El punto es que termino cayendo en el consultorio de esta señora de unos cincuenta y algo que, tras darme cita telefónicamente después de tenerme esperando por una semana porque la diva "siempre estaba en una reunión familiar" cuando la llamaba ...... Pongo el freno acá.
- Una psicóloga que día por medio tiene una reunión familiar no me termina de dar toda la confianza del mundo. ¿A qué se reúne una familia a hablar?: ¿De qué tan felices fueron ese año? ¿De si los menores de la casa están habilitados a ver bailando por un sueño aunque se encuentre en horario de protección al menor? ... No!, por supuesto que no, las familias se reúnen a hablar cuando todo se fue al carajo... o al menos la mía. Ahora que lo pienso... mi familia no se junta ni para hablar de eso. Como sea, esta tipa tiene problemas.
Finalmente combinamos un día en conjunto para reunirnos a que yo le pague para que ella me escuche.
La terapia duró aproximadamente 25 minutos - Ni ustedes ni yo entendemos por qué, no me lo pregunten.
Resumen: Perdimos 10 minutos hasta que la vieja anota todos los datos de mi obra social y en los quince que quedaban se dedicó a tratar de entender el contexto de mi vida homosexual y detalles relacionados para atacar el foco del problema. Bueno, pequeño detalle, no fui a hablar de qué tan gay soy y si mi vieja tiene la culpa. (La tiene, sólo para despejar dudas).
1,70, Rubia teñida tonalidad Susana Gimenez, pantalones babucha grises con motivo zebra con rastas. (Vieron cuando se hacen pelotitas en la tela de tanto uso?... esas serían las rastas).
Se sienta enfrente mío ... y levanta una gamboa sobre el apoyabrazos y mi inconsciente me dijo claro y audible "con qué necesidaaaad tengo que tener tu cachufla en HD a centímetros de mí!?"
Esa es en pocas palabras la persona que hoy por hoy se va a encargar de tratarme.
¿El problema? No lo sé, pero seguramente es mucho más complicado que el de todos ustedes.
¿La solución? A quien le importa mientras la sesión la pague la obra social.
Lo único que tenemos en claro hasta el momento es que un costado humano hasta ahora escondido debajo de una tarima (Carmelo's style) me hizo quedarme e inventar que hay motivos para que continúe con esta locura.
Las sesiones pasaron una detrás de la otra siempre tomándonos los bonitos 10 minutos de los datos de la obra social, más 7 a 10 de un intento de recordar factores relevantes de mi vida, con adivinanzas del tipo "Claro, Nicolás es ese muchacho que conociste en las olimpíadas y que son tan unidos" y conjunta cara de orto mía respondiendo "No, a Nicolás me lo garché dos veces en mi vida, lo vi tan sólo una, Nicolás no es siquiera su verdadero nombre porque no lo recuerdo y unidos estuvimos tan sólo por los pocos minutos que duró el coito. No, el de las olimpíadas es Javi".
Remando en dulce de leche con escarbadientes de remo, frase que un poco distorsionada dice mi hermana, seguí viendole ese lado positivo que intento buscarle a las cosas (si lo juro, el primer impulso es intentar buscar algo positivo... después la mierda toma control de mi cerebro, no puedo evitarlo)
sms: "Dotora", el Martes no voy a poder ir a sesión, lo podemos pasar para otro día?
sms-back: No te preocupes después te confirmo cómo vienen mis horarios y la tomamos otro día.
sms2: ok...
El Martes siguiente: "Buenas Doc"
- Hola Zore!
Subimos los dos pisos del tenebroso edificio con olor a rancio (no recuerdo si el olor manaba de las paredes o de la raja de la señora dado que subía escasos escalones por delante mío). Nos acomodamos en el cuartucho de 2x2 (No se lamente, es un espacio reducido, intentaré no hacer mayores referencias matemáticas), me senté en mi sillita barata que no permitía a uno sentirse cómodo por más de 20 minutos (lo cual ahora tiene un sentido estratégico que antes no noté), le doy la tarjeta de la obra social y la muy hija de una gran puta me dice:
- "Voy a tener que cobrarle la sesión de la semana pasada"
- ¿Qué sesión, si no tuvimos?
- Claro pero las sesiones se cobran igual aunque no venga.
- No vine porque pedí un turno en un diferente horario y seguramente la muy puta de su familia estuvo tan atareada teniendo que reunirse que no pudo darme una nueva fecha. O apenas le interesó responderme teniendo en cuenta que de todas formas me la iba a cobrar... sea cual fuere, suficiente.
Claramente no le dije todo esto en su delicada cara de Munra. Sólo lo pensé fuerte fuerte y expresé mi deseo de no verla nunca más.
Aún cuando la obra social se haga cargo de los gastos, no estoy ni para regalarle eso a la vieja soreta que me tocó por última escarbacoco (que es de la familia del estreptococo pero en vez de infectar la garganta, me infectó el cerebro de pensamientos violentos que eran amenazantes para su integridad física)
Las sesiones pasaron una detrás de la otra siempre tomándonos los bonitos 10 minutos de los datos de la obra social, más 7 a 10 de un intento de recordar factores relevantes de mi vida, con adivinanzas del tipo "Claro, Nicolás es ese muchacho que conociste en las olimpíadas y que son tan unidos" y conjunta cara de orto mía respondiendo "No, a Nicolás me lo garché dos veces en mi vida, lo vi tan sólo una, Nicolás no es siquiera su verdadero nombre porque no lo recuerdo y unidos estuvimos tan sólo por los pocos minutos que duró el coito. No, el de las olimpíadas es Javi".
Remando en dulce de leche con escarbadientes de remo, frase que un poco distorsionada dice mi hermana, seguí viendole ese lado positivo que intento buscarle a las cosas (si lo juro, el primer impulso es intentar buscar algo positivo... después la mierda toma control de mi cerebro, no puedo evitarlo)
sms: "Dotora", el Martes no voy a poder ir a sesión, lo podemos pasar para otro día?
sms-back: No te preocupes después te confirmo cómo vienen mis horarios y la tomamos otro día.
sms2: ok...
El Martes siguiente: "Buenas Doc"
- Hola Zore!
Subimos los dos pisos del tenebroso edificio con olor a rancio (no recuerdo si el olor manaba de las paredes o de la raja de la señora dado que subía escasos escalones por delante mío). Nos acomodamos en el cuartucho de 2x2 (No se lamente, es un espacio reducido, intentaré no hacer mayores referencias matemáticas), me senté en mi sillita barata que no permitía a uno sentirse cómodo por más de 20 minutos (lo cual ahora tiene un sentido estratégico que antes no noté), le doy la tarjeta de la obra social y la muy hija de una gran puta me dice:
- "Voy a tener que cobrarle la sesión de la semana pasada"
- ¿Qué sesión, si no tuvimos?
- Claro pero las sesiones se cobran igual aunque no venga.
- No vine porque pedí un turno en un diferente horario y seguramente la muy puta de su familia estuvo tan atareada teniendo que reunirse que no pudo darme una nueva fecha. O apenas le interesó responderme teniendo en cuenta que de todas formas me la iba a cobrar... sea cual fuere, suficiente.
Claramente no le dije todo esto en su delicada cara de Munra. Sólo lo pensé fuerte fuerte y expresé mi deseo de no verla nunca más.
Aún cuando la obra social se haga cargo de los gastos, no estoy ni para regalarle eso a la vieja soreta que me tocó por última escarbacoco (que es de la familia del estreptococo pero en vez de infectar la garganta, me infectó el cerebro de pensamientos violentos que eran amenazantes para su integridad física)
